Los jardines de El Tomillar

Aquí os dejamos un nuevo artículo de la sección El Escarabajo Verde, y en esta ocasión Miguel Ángel Maya nos hablará sobre los jardines del Hospital El Tomillar. 

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No pertenece al término municipal de Dos Hermanas, pero está ubicado muy cerca al núcleo urbano principal, del que le separan algo más de dos kilómetros. Además es un lugar muy vinculado a la ciudad ya que este hospital atiende los servicios sanitarios de sus habitantes. Las obras de construcción se iniciaron en 1.920  y fue creado como sanatorio para enfermos de tuberculosis.




Posee un extenso jardín paisajista delante del edificio principal, compuesto por árboles de gran porte y altura. Esta zona se distribuye alrededor de un paseo recto central, que une la puerta de acceso a la finca con la entrada del edificio, y a cuyos lados de distribuyen parterres en forma de polígono irregular.

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Diseminada irregularmente por toda la zona verde existe una variada arboleda compuesta por cedros, cipreses, árboles del paraíso, falsos pimenteros, acacias y ombúes. Esta masa boscosa, junto a la pradera de césped, consigue disminuir la temperatura de los cálidos veranos nazarenos en varios grados centígrados, además de proporcionar una agradable y densa sombra.

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A la derecha del paseo central se encuentra la capilla, cuyo acceso está conformado por dos alineaciones de palmeras datileras y en cuyo arriate se encuentran plantas de flor como crisantemos, rosales, gazanias y margaritas africanas.

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Existen otras zonas ajardinadas, situadas entre el resto de construcciones, con este mismo tipo de arboleda y arbustos, así como césped.

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El edificio principal del hospital conserva parte de la arquitectura tradicional andaluza a pesar de haber sido reformado y ampliado en algunas ocasiones, para poder adaptarlo a las nuevas necesidades hospitalarias.

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Destacar como elementos no vegetales los bancos con azulejos y, aunque actualmente no tienen uso, la existencia de pajareras.

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Llama poderosamente la atención un monolito que contiene una poesía que Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura en 1913, dedicó a los árboles:

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“Viajero, escucha: 

Yo soy la tabla de tu cuna, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa.
Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con su canto tus horas, y limpian de insectos tus campos.
Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino…
Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama el aire a todas horas, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma…
Por último, soy la madera de tu ataúd.
Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces… ¡Mírame bien!, pero no me hagas daño…”

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