«El mercado de la vergüenza», Tribuna Libre de Fernando Gäbler

«La actividad en su interior es mínima, parece más bien un callejón lúgubre de un barrio antiquísimo de una ciudad de oriente medio».

Ayer visité Montequinto y me acerqué al Mercado de Abastos, de gestión municipal. Cual fue mi sorpresa al acercarme a uno de los baluartes socioeconómicos más importantes me sobrevino una sensación de vergüenza. Vergüenza porque al entrar tuve que sortear una cuba de poda de naranjos y basura acumulada y mal oliente en las mismas entradas al mercado, vergüenza por el deplorable aspecto de un edificio relativamente nuevo, que presenta un estado de abandono impropio de una población de más de 100.000 habitantes, y de un barrio tan señero con 40.000 personas viviendo en él, a escasa distancia de una estación de metro que comunica con el centro de sevilla, junto a un ambulatorio de la seguridad social y a la espalda de la iglesia me encuentro un edificio con un aspecto deplorable en el que al entrar se aprecia la inacción y dejadez de sus responsables municipales. El 70% de los puestos vacíos, la suciedad en los pasillos, los aseos malolientes sin papel ni secamanos, la suciedad se acumula delante de los puestos y locales vacíos, así como una dejadez absoluta.

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La actividad en su interior es mínima, parece más bien un callejón lúgubre de un barrio antiquísimo de una ciudad de oriente medio. Apenas diez personas merodean por los nueve puestos abiertos en los que sus placeros charlan entre ellos y se les oye ya que el público es escaso. Al hablar con ellos se contagia un sentimiento de desazón, de amargura ante el abandono de los responsables que gobiernan de vergüenza, porque pagan sus recibos, sus impuestos (un ibi ilícito), sus cuotas de autónomos, sus mercancías, y no reciben lo justo a cambio, sino todo lo contrario, desatención ante una avería, ante la falta de limpieza, arrogancia, despotismo y desprecio.

Para mi asombro, presencio la apertura de la persiana de un puesto cerrado que va a ser mostrado a un nuevo placero, y esa vergüenza se hace mayor al sentir lo que esa persona siente al ver un local sucio, con restos de basura de meses de dejadez y despreocupación, puertas rotas, sueños rotos, ilusiones que se derrumban ante el estado en que se encuentra. Las ganas de emprender, de abrir un negocio local, ameno, innovador y cercano se desmoronan con una sensación de vergüenza ante el deplorable estado en conjunto de este mercado de montequinto. basura fuera, basura dentro, dejadez, inacción, despreocupación total y absoluta por la ciudadanía y un estado de bienestar que brilla por su ausencia.

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Vergüenza porque emprender en este pueblo es imposible si no perteneces a una gran empresa o a un lobby. Que los que gestionan este mercado empiecen a tomar las responsabilidades que le corresponden de acuerdo con lo que pagan sus placeros y por supuesto, lo que un Mercado de Abastos supone, un bien al servicio de bienestar que la ciudadanía de Dos Hermanas se merece. Y que la vergüenza absoluta se convierta en orgullo de ciudad, de barrio, de vida.

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