Dos Hermanas vive atrapada en una contradicción urbanística alarmante. Mientras las grúas dibujan un perfil hipertrofiado en Entrenúcleos con la promesa de levantar unas 60.000 viviendas adicionales de cara al año 2035, el tejido residencial real del municipio esconde una realidad profundamente preocupante: casi 6.000 viviendas permanecen vacías, deshabitadas y desconectadas de las necesidades reales de la ciudadanía nazarena.
Es por tanto urgente alzar la voz frente a este modelo de crecimiento expansivo que prioriza el cemento y la especulación sobre la cohesión social y la sostenibilidad. Convertir nuestro municipio en un escaparate de promociones inmobiliarias masivas sin mirar primero al parque de viviendas ocioso que ya existe es un grave error estratégico.
El megaproyecto de Entrenúcleos se vende como la gran panacea del progreso: torres modernas, bulevares amplios y una previsión demográfica que aspira a rebasar los 200.000 habitantes. Sin embargo, detrás de este escaparate se oculta un interrogante incómodo que la administración elude sistemáticamente: ¿a quién van dirigidas estas viviendas y bajo qué criterios de accesibilidad económica?
La cruda realidad es que gran parte de esta nueva oferta responde a lógicas de inversión y atracción de capitales que dejan a los jóvenes nazarenos y a las familias con rentas modestas en una situación de total vulnerabilidad. No faltan metros cuadrados construidos; lo que falta es voluntad política para movilizar el parque residencial ya existente.
La paradoja del stock inactivo: Montequinto, Fuente del Rey y el centro
El Censo de Población y Viviendas del INE nos recuerda que en el conjunto del municipio —que abarca desde el núcleo tradicional hasta Montequinto y Fuente del Rey— existen cerca de 6.000 viviendas vacías. Este stock inactivo no solo representa una ineficiencia económica flagrante, sino un síntoma de fracaso en las políticas públicas de alquiler y movilización de vivienda.
¿Qué sentido tiene pavimentar hectáreas y hectáreas de suelo en Entrenúcleos para erigir nuevas moles de hormigón, cuando la ciudad consolidada acumula miles de inmuebles desocupados que podrían ser rehabilitados, alquilados a precios justos o integrados en bolsas públicas?
Es imperativo frenar la inercia del monocultivo del ladrillo. Las instituciones locales no deben actuar como agencias de facilitación para los grandes fondos, sino como garantes del derecho constitucional a una vivienda digna.
Antes de hipotecar el futuro ambiental y paisajístico de Dos Hermanas con 60.000 nuevas unidades en Entrenúcleos hacia 2035, el Ayuntamiento tiene la obligación moral de auditar e incentivar ese parque de viviendas vacías que ya tenemos. Menos especulación y más eficacia social en la ciudad que ya somos.
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