Cinco años en la lista roja del patrimonio: Propietarios y administraciones dejan que la Hacienda Ibarburu en Dos Hermanas siga derrumbándose
El BIC del siglo XVIII continúa sin una intervención efectiva pese a los expolios, incendios y nuevos desplomes y a que la ley obliga a sus titulares a conservarlo

REDACCIÓN
La Hacienda Ibarburu no necesita nuevas advertencias. Lleva cinco años incluida en la Lista Roja del Patrimonio, está protegida como Bien de Interés Cultural desde 2002 y su grave deterioro es conocido desde hace tiempo por propietarios y administraciones. Sin embargo, el histórico edificio de Dos Hermanas continúa abandonado y cada vez más cerca de sufrir daños irreversibles.
El inmueble entró en la Lista Roja de Hispania Nostra el 29 de julio de 2021. Cinco años después, no existe una intervención efectiva que haya detenido su degradación. Durante este periodo se han sucedido los expolios, incendios, actos vandálicos y derrumbes, mientras los anuncios, expedientes y reclamaciones no se han traducido en una recuperación real.
El último episodio grave tuvo lugar el pasado mes de marzo, cuando se desplomó una parte importante de la techumbre situada en la zona trasera del señorío. Los restos cayeron sobre la alberca y la conocida como “fuente de las cabezas”, agravando todavía más el estado de uno de los espacios más valiosos de la hacienda. Desde entonces, según ha trasladado la Asociación Salvemos la Hacienda Ibarburu y el Patrimonio de Dos Hermanas, tampoco se habrían adoptado medidas tangibles para estabilizar la construcción y evitar nuevos derrumbes.
Un monumento privado que sus propietarios están obligados a conservar
La Hacienda Ibarburu es de propiedad privada y su titularidad se encuentra repartida entre los herederos de la familia Pickman, la sociedad inmobiliaria Level y la junta de compensación constituida en torno a los terrenos donde se encuentra el edificio.
Esta división de la propiedad puede dificultar cualquier acuerdo, pero no elimina las responsabilidades de sus titulares. La legislación andaluza establece que los propietarios, poseedores o titulares de derechos sobre bienes integrantes del patrimonio histórico tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos. Por tanto, el abandono no es una circunstancia inevitable ni una cuestión que dependa únicamente de la voluntad de los propietarios. Existe una obligación legal de impedir que un monumento protegido termine desapareciendo.
La normativa también permite a la Consejería de Cultura ordenar la realización de las obras necesarias. Si los propietarios no atienden esos requerimientos, la Junta de Andalucía puede imponer multas coercitivas o ejecutar subsidiariamente las actuaciones, reclamando posteriormente su coste a los responsables. Las herramientas legales existen. Lo que sigue sin existir, cinco años después de la entrada en la Lista Roja, es un resultado que haya detenido la destrucción del edificio.
Las administraciones tampoco pueden mirar hacia otro lado
La responsabilidad principal de conservación corresponde a la propiedad, pero la protección como Bien de Interés Cultural otorga a las administraciones capacidad para intervenir. La Junta de Andalucía dispone de las competencias en materia de patrimonio histórico y puede exigir las obras necesarias, sancionar los incumplimientos y actuar subsidiariamente. El Ayuntamiento de Dos Hermanas, por su parte, tiene competencias urbanísticas y capacidad para inspeccionar, dictar órdenes de ejecución, garantizar la seguridad y reclamar una solución coordinada.
No se trata, por tanto, de que las autoridades desconozcan el problema o carezcan de instrumentos. El deterioro de Ibarburu ha sido llevado en numerosas ocasiones al Ayuntamiento, al Parlamento de Andalucía y a la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico.
En 2019 se autorizaron obras urgentes de seguridad. Posteriormente se han presentado mociones, ruegos y preguntas políticas, se han denunciado vertidos en el entorno y se ha reclamado acceso al expediente de ruina. Pese a todo, la hacienda ha seguido sufriendo expolios y derrumbes. Los trámites administrativos no han protegido las cubiertas, no han recuperado los elementos robados y tampoco han impedido el colapso de nuevas partes del inmueble.
Abandonada desde 2017
La situación comenzó a agravarse especialmente en 2017, cuando la finca dejó de contar con vigilancia. Desde entonces, el interior ha sido objeto de continuos saqueos y vandalismo.
La Hacienda Ibarburu llegó a conservar columnas de mármol, arquerías, rejas históricas, azulejos, fuentes, caballerizas y diferentes elementos vinculados a la arquitectura tradicional de las grandes explotaciones de olivar sevillanas. Muchas de estas piezas han desaparecido o han resultado gravemente dañadas. Los incendios sufridos durante los últimos años afectaron también a las cubiertas de madera y teja. La falta de mantenimiento y las filtraciones hicieron el resto. Parte de la zona señorial y de las dependencias agrícolas presenta actualmente un estado cercano a la ruina.
El edificio fue levantado en su configuración actual alrededor de 1748, aunque sus orígenes se remontan al siglo XVII. Su portada barroca, las fachadas de color almagra y la organización de sus dependencias alrededor de distintos patios lo convirtieron en uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura rural sevillana.
Cinco años de advertencias y ninguna solución efectiva
La inclusión en la Lista Roja no obliga automáticamente a restaurar un monumento. Su función es alertar públicamente sobre el riesgo de desaparición y presionar para que propietarios y administraciones actúen. En el caso de Ibarburu, la advertencia lleva activa cinco años. El inmueble acumula además 24 años de protección como BIC y casi una década de abandono severo. Ya no puede argumentarse falta de tiempo, desconocimiento o ausencia de mecanismos legales.
Los propietarios conocen su obligación. La Junta de Andalucía dispone de capacidad para exigirla. El Ayuntamiento de Dos Hermanas conoce el estado del edificio y puede impulsar actuaciones desde sus competencias. Mientras unos y otros siguen sin ofrecer una solución efectiva, la hacienda continúa deteriorándose. Y cada parte que se derrumba no solo encarece una futura restauración: también elimina elementos históricos que posiblemente nunca podrán recuperarse.
Después de cinco años en la Lista Roja, el problema de la Hacienda Ibarburu ya no es la ausencia de diagnósticos. Es la falta de decisiones. Mientras propietarios y administraciones se pasan la responsabilidad, Dos Hermanas sigue perdiendo uno de sus monumentos más valiosos.




